Una manita de pintura

A veces simplemente es eso, una manita de pintura y poco más,  lo que necesita un viejo mueble para renacer y volver a cobrar el protagonismo que se merece.  Muchos  objetos condenados al destierro en los trasteros, garajes, o que encontramos a la venta en un rastrillo – nunca mejor dicho- son absolutamente merecedores de una segunda oportunidad.

Estos son algunos ejemplos que puede que te sirvan de inspiración.

Este mueble no era la imagen de la modernidad precisamente, pero con una lija, pintura y un poco de imaginación se convirtió en una pieza muy original.

Otro ejemplo parecido es el de esta otra cómoda pintada de plateado que preside un recibidor de lujo.

A estas mesitas antiguas se le cortaron las patas y se pintaron de color malva, y son las reinas de esta sala de estar.

Una puerta en desuso puede servirnos de cabecero.

Una cómoda sin personalidad se convierte en una pieza con un toque de casa de la playa con un poco de pintura y unos tiradores hechos con cuerda.

Un viejo mueble de aspecto totalmente destartalado, se ha pintado y ahora es una mesa muy personal.


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